Los Militares No Gastan balas en los poetas.

Sobreintelectualización ¿Cómo?, bueno, así. Reducir la vida a una serie de metáforas, ecuaciones y palabras es de bobos, observar como un bobo la vida es tarea de sabios. Hay mucha critica intelectual a la vida cotidiana y es entendible el porqué; en la tele solo tramitan basura, la música se ha banalizado, los libros y quienes los leen quedaron fichados de seres extraños y todo aquel que pretenda ejercer la crítica a la vida moderna no pasa de lo que seguramente tildaran de pretencioso. Curiosamente Insisto, los militares no gastan balas en poetas. ¿pelea? ¿Dónde? Porque volver caras y ayudar a quienes nos mermaron.

Si, el artista se auto margina en su condición creadora porque la satisfacción personal no es uno de los dones que le fueron dados, en cambio se les dio una cuerda de amplios recursos para expresar todo aquello que es digno de llamarse humano; y que él está condenado a no disfrutar. El artista es principalmente un ser que abniega su cualidad de ser y arropa la cualidad de creación; la cultura moderna lo reduce, lo menosprecia y lo abomina porque de niños siguen repitiendo “un doctor cuida los enfermos, un abogado las leyes, los guardias la patria…”, y así lo excluyen, un artista es un prototipo de vago. Lo digo sin resentimiento, y si acaso has visto a un montón de hippies fumando monte en la central, o a un rockoloco barbudo de ministro de cultura sepa que estos no son más que farsantes, son mascaras tras mascaras de madera y piel. El artista es un Caballero, el pincel es su caballo, la música su galope, las letras su armadura, el mandil es la metáfora, la expresión es su alabarda, el intelecto su único yelmo ¿cómo se puede abominar a un ser armado de sí mismo? ¿Cómo en cambio se adora a un hombre armado con uniforme y fusil? Pero el caballero -observa un hombre distraído- esta lidiando solo, haciendo piruetas en el viento y desangrando los toneles del vino. Y en esta relación de artista y sociedad habría que preguntarnos ¿Quién es el verdadero demente? ¿Quién gesticula exageradamente con locura incesante?

No se trata de una cuestión de apariencias, el artista no finge ni quiere fingir ser un artista, así como en realidad no quiere pero tiene el deber aún más incesante que él y el deber tal es ir contra la cultura erguida, hacer su mueca aérea y caerla a sablazos, luego virar en dirección a la luna e irse con trote alegre. El artista es el adversario de la telebasura, de los ministros de cultura, de los hippies de la central, del culo que se siente en el trono del poder, y es enemigo también de otros artistas, para estos seres el mundo no debe ser más que una cruenta neumomaquia.

Es posible que hasta el día de hoy tu vida haya pasado sin ver uno de estos especímenes en carne propia y es Porque ellos ya callaron mucho tiempo, pero en un lugar donde arlequines comandan huestes de bufones verdes, donde una mayoría desprovista es quien juzga y contraataca, donde la única oposición que existe son los viejos enemigos olvidados de aquella mayoría, y el fin, un lugar donde reina la payasada y domina el sinsentido es el momento del resurgir del artista, y el artista cuyo nombre nominado no es más que el eufemismo más burdo del intelectual, del que piensa, del que reflexiona. En este punto, solo le quedan dos opciones, y cabe decir que las dos son correctas, la primera es auto determinarse a ser la oposición absoluta a todo lo que existe y existirá, la otra es echar una carcajada y volver a la abstracción que los caracteriza.

Aja pueblo te oyó gritar, pero no cantar. Te oigo comentar, pero no escribir. Escucho tus quejas y tus increpaciones con las mismas palabras panfletarias, allí pueblo está el cincel, allí pueblo está el óleo, allá pueblo está el tesauro que ignoraste, y en el fondo en lo recóndito donde ya no llega luz si no tan solo abismo, si, míralos: Garmendias, Perdomo, Pietri, Otero, Reveron, Nazoa, Rangel, Meneses, Cadenas, Mora, Montejo, Marcel, los trescientos Budas, Ochocientos santos y una cara de un cristo melancólico como diciéndonos que también el Karma tiene su policía.

No necesitan Quemar nuestros libros, al desconocerlos es igual que si todos hubieran ardido. No necesitan sabotear nuestros instrumentos, se nos ha olvidado la seriedad de la protesta. No requieren rasgar nuestros cuadros, están acumulando polvo en la soledad de los museos que nadie visita. Es irrelevante meternos en una Carraca o en una Rotunda como paso en otrora, de por si temblamos ante la libertad mucho más tiembla con la idea asomada del encierro. El CICPC no nos persigue, la GNB no nos perdigónea, no estamos en la lista de los Generales. Vivo con la convicción que tal es la prolongación de la ignorancia que nos cierne que ningún militar se atrevería malgastar balas en nuestros cuerpos. No seremos Héroes, pero al menos volvemos Caras a quienes nos escupió.

 

-luis Rafael M.M.

vuelvan caras.Arturo de Michelena, 1890.

 

 

 

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