Un Buda en el parque Guaiqueri.

Hay un Buda en aquel árbol del parque guaiqueri

Imprime su propia paz, escucha el rio inaudible en su silente reposo

Simplemente respira, lentamente, y sus pestañas tienen la pose serena de los muertos

 

Es un hombre algo viejo, de rostro severo.

Es cada mosca que intenta molestarlo, es cada mililitro del rio que no corre

Y el sol calcina su frente.

 

“Mondo el césped

Las hormigas en fila

Lo recorrerán”

 

Es inmutable…

(Los niños gritan, las ardillas roen, el bullicio urbano toma su lugar, yo lo miro fijamente)

Parece solo percibir las hormigas que lo escalan

Y las hojas que como  un acto de hechicería se posan caídas en un círculo  y nunca lo tocan

Esta en paz, parece que claudico el universo

(El céfiro, el sol, la mar: es todo lo que agita este mundo constantemente)

Si, claudico el universo

 

hoja que corta

Respira en reposo

La hoja tiembla”

 

Se mantiene en su ataraxia, en su eterna virtud

La gente camina, con los audífonos puestos, practicando un deporte, sosteniendo una conversación

En su ensimismamiento de cartón mojado,

Y se ríen del Buda retrepado en la corteza del mangle

El -seguramente en su infinito conocimiento- admira el vacio,

Y yo,  admiro su sencillez.

El aspira el petricor, la hierba quemada, la tierra humedecida

El atrapa el universo, está paralizado en su instante

Pero afuera, el tiempo continua, veja, pudre y oxida; el no teme a la muerte.

 

la muerte

Oscila igual que la luna

Y no importa

 

Yo escribo, reflexiono, pienso, camino, vivo.

Pero el buda sigue en la pose del loto, irrenunciable

El buda sigue absorbiendo el universo

Y sus costillas empiezan a sobresalir

Su carne a reblandecerse

Su pelo a marchitarse

Y su meditación es imperturbable.

Adentro, se, que es como el mar, que no se puede agitar por su permanente tempestad

Y el hambre le pasma la cara

Y su piel enflaquece como la de un perro callejero

Sus ojos siguen clausurados; morigera toda necesidad

Esta más allá de la luz ilusoria y la sombra inconcreta

Y el karma le arma una adarga, es el centinela a la puerta del nirvana

 

el sol calcina

El buda se pregunta

¿Es eso nirvana?”

 

Ya extremado, su faz esta ennegrecida

Sus huesos son evidentes entre su piel

La cuenca de sus ojos se desorbita

Su rostro es el rostro de un cadáver

Y el rio que no corre, la hierba que crece, las moscas que lo joden

El céfiro que desoja el mangle, el sol y la luna en su vaivén, yo que intento ayudarlo

Pero el buda me ignora, el me escucha, el escucha absoluto

Es absoluto.

La hierba muere, las moscas mueren, el día muere y los Budas también mueren.

Un Buda siempre sabe cuándo va a morir,

El es todas las flores de cayena que arrastra el rio,

El es todo el bullicio de los perros al ladrar,

El es cada palabra que se proyecta por la tinta, que nuestros ojos miran

Ahora lo sé; aquel demente recostado en el árbol del parque guaiqueri, era un Buda

La corteza del árbol que murió para hacer esta hoja,

La nieve que se derrite en primavera,

El cristofué que trina,

Todo es absoluto, todo es imperecedero

Y por eso es absoluto

en el andamio

Un loto, una hoja gris

Es otra vez buda

 

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