La Soledad de los Museos

El mundo quizás sería mejor si ustedes estuviesen leyendo un libro, y yo leyese un buen libro en vez de escribir esto. Puede ser, y yo tengo mis convicciones de que así es. No obstante estamos aquí violando espacio y tiempo, y ya que te tomaste la molestia de abrir el articulo porque no tomártela para finalizarlo. De todas maneras no me explanare, les hablare de cosas sencillas: de cómo me gusta aprender los nombres de los muertos y de la soledad de los museos.

Es en Venezuela poco frecuente que alguien en una cita te invite al museo y ni hablar de la biblioteca, cines, veredas y parques están llenas de adolescentes besucones  y madres regañando a sus hijos y en tanto los Museos tienen una enorme coraza de indiferencia que hace que prevalezca como un lugar silente, solemne. Hay algo decididamente hermoso en los museos, un respeto entre el espectador y el recinto, un estado de contemplación que el humano pierde fácilmente en el vaivén y el tejemaneje de la cotidianidad que de alguna manera un museo es un sitio espiritual, tan digno es de loa como lo puede ser la más bella de las mezquitas.

Sin embargo el silencio que evoco es más de la cascara hueca, quien se atreva a mirar a los lados no vera alma humana. No desesperes visitante, que ni estas muerto ni es esto el purgatorio. ¿Por qué no creerme?, los únicos que están muertos son los hombres que pintaron estas hermosas pinturas y los que esculpieron estas figuras de porte. Sí, hay dos cosas verdaderamente tristes en este país, la primera es el currículo Vitae de los ministros y la segunda el libro de registros de los Museos. En estos libros de registros el guía que seguramente y a pesar de conocer cada exposición de memoria recorre los pasillos y a medida que se le van ocurriendo nombres los va poniendo, “Aquiles Nasal Orde Trabo”, “Femina Corostel Clavo Can”, “Orfelia sinterin menemenendez”, y así sucesiva mente. Si no fuera por estos héroes anónimos probablemente los encargados de los museos al darse cuenta de cultura del común denominador cerrarían para siempre y dirían “ Un museo en Venezuela, mejor hubiera abierto un Sport Bar”, les debemos pues mucho a estos hombres que con sus ficciones protegen el interés de unos pocos.

¿Pero porque?¿porque es tanta la soledad de los museos? Porque faltan museos, claro que no, en cada ciudad hay uno dos y tres, excelentes museos por más está decir. ¿Por qué falten artistas? No creo, si vistan uno reconocerán en las paredes ilustres nombres. Es tan solo la tendencia errónea de que los museos son una cosa aburrida y materia de siglo pasado; ¿para qué engañarnos?, todo el mundo se toma fotos en Maiquetía sin saber que está parado sobre un Cruz-Diez, son compartidas millones de imágenes y Gif en internet que producen mareo sin saber que esas imágenes son probablemente hijas bastardas de Jesús Soto. De Michelena solo conocen al Miranda en la carraca y de Reveron que pintaba con mierda. ¿Por qué ir a un museo no puede ser una tarea edificante? Gastar dinero en los cines cuando las grandes mentes de nuestra nación esperan por decirnos algo, ¿precio?, no, no, todos los museos aquí son gratis.

Estamos enfrascados en demostrar nuestra inteligencia como pueblo y amamos reprochar la necedad del tirano, pero a la hora de la hora que has hecho con tu tiempo ¿te has instruido?, ¿Cuántas horas has pasado en la computadora sin hacer realmente algo?. Los Museos son un escape, no hay tormento en los museos, no hay nada más que regocijo en ellos, nada nos costaría pasearnos de vez en cuando por el de nuestra ciudad, y tampoco estaría demás si visitas otro estado o país preguntarle al guía “¿mi pana y los museos?”. Los hay en toda especie y género, De arte, de ciencia, de historia, y solo coinciden todos en lo gratificante de su experiencia.

Anecdotario: a los 16 tuve la epifanía vesánica de lanzarme sin plata a Caracas para lograr ir al Museo de Arte Moderno que le duela a quien le duela el caraqueño le dice “El Sofía Imbert”, de el leí mil maravillas y me arme mil ficciones,  es en efecto el museo con más obras de Latinoamérica,  el único con series completas de Picasso, Matisse y Dalí, posee guardada un patrimonio invaluable en sus bóvedas subterráneas. Finalmente logre Ir a Caracas y mi pretensión fue Saciada, mas los puntos por objetivos opcionales de mi Quest ( Ir también a los museos de Bellas Artes). Fui Feliz, y no pude entender como alguien dentro de un Museo no podría ser feliz, hasta hoy sobreviven varias de esas sospechas. Ese viaje nunca lo olvidare, ver en el Unearte la gente fumando marihuana pero el Museo como una Urna.

Jamás entenderé la soledad de los museos.

 

Desde La Plaza, 998 × 501. Jesús Soto.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s