Jose Saramago, El principe de las Parabolas. (conmemorando 94 años de natalicio)

<<Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.>>

-José Saramago

Hoy se cumple 94 años del Natalicio de quien fuera uno de los no tan frecuentes Premio Nobel de literatura que se lo merecía en toda regla y el único hasta ahora en lengua portuguesa. José Saramago para quien no lo haya leído he de decir que fue el príncipe de las Parábolas, único competidor actual de Jesús y el Buda en esa arte que es decir lo que no se dice.

Su actitud ácida, sus métodos de dialogo poco ortodoxo y su propensión a apostar al trasfondo de la historia incluso más que a la historia en si fueron tres cualidades que llevo a la perfección. Saramago fue algo así como un profeta que prefirió que sus historias se desarrollaran en la moral y la ética del propio lector, sus novelas de sobriedad impresionante no están abarrocadas de grandes términos ni palabras pasadas; su arte no es la simpleza, si no que la simplicidad del texto es su punto de partida, el resto de las reflexiones pertinentes las hace el lector a medida que va leyendo.

Su estilo es irrepetible, sus párrafos concentrados en diálogos y corrientes de pensamiento hacen pensar en una cierta dificultad, pero cuando después de superada varias páginas caes en cuenta que su maestría es tal en su oficio que no puedes concebir por un momento que alguna vez hubiera una forma contraria a esta de formular los diálogos. Saramago no ataca con palabras, por ello nunca se prolongó en ellas, Saramago iba directo al intelecto. Su presencia se nota no solo cuando se le lee, si no que incrementa potencialmente cuando se le deja de leer.

De su obra si de recomendación se trata no puedo discrepar del gusto general, Ensayo sobre la Ceguera es sin lugar a dudas uno de los mejores libros que yo recuerde haber leído. En él se retrata una sociedad que a causa de una epidemia enceguece por completo, pero no es este el foco argumentativo tanto como el drama humano que se desarrolla en la invisibilidad. Es un libro tan crudo y pesimista que si el libro en si no fuera una obra extremadamente buena al lector le daría pena leerlo y al editor imprimirlo. Deja un sabor amargo que será recordado por siempre, aun en mi pensar diario me topo con las escenas del libro, la del espíritu y la naturaleza humana desnuda  y tornándose cada vez más representación de la verdad de una raza que se desinhibe ante la situación extrema. Aun así un remilgo de esperanza se percibe y como diría el propio Saramago “No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo”.

¿Cómo podría alguien decir que este ha muerto? Si yo, de vez en cuando, voy a mi cuarto y lo busco. Pero lo busco si tan solo quiero ser abrumado con el dialogo de una mente lúcida, de un hombre que vio que tan negra era realmente la noche, entonces el habla y habla, me dice todos los argumentos de la filosofía pero sin nombrar a ningún filósofo, me cuenta la amplitud del espectro del carácter humano, me dice que resista aunque la rebelión sea tan ruidosa y sus asesinos silentes, y en fin, hablamos. En mi cuarto, pintado en una caja de cartón donde guardo mis libros hay un consejo del autor, <<aullemos; dijo el perro>>. Después que el me habla, yo cierro el libro y él se va, siempre quedo extrañamente consiente y pensativo. Definitivamente mientras los perros tengan porque aullar Saramago no estará muerto.

 

 

 

“retrato de Jose Saramago”, acrílico. año desconocido. Mauricio Hitner.
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