La Resurrecion de Fidel Castro

He querido desde la madrugada del viernes escribir sobre la muerte de Fidel. Pero he tenido bastante miedo de que el domingo resucite de entre los muertos y la actualidad de mi artículo hubiera sido aniquilada. Por suerte, el domingo ya paso y parece que el viejo no se volvió a parar de su siesta del viernes. La células Madres que se inyectaban solo aplazaron el dolor y la angustia.

¿Qué puedo decir yo de Fidel? ¿Qué es el más bajo ejemplo de la demacración que produce la posesión prolongada del poder? Si. ¿Qué es el típico ejemplo de ideologista esperanzado que termina en burócrata demagogo? Definitivamente sí. ¿Qué es el rasgo más notable de que el siglo XX ya está muerto? Por supuesto. No puedo agregar nada más en intentar hacerlo pasar por nuevo o creativo, no quiero trasmitir un mensaje de falsa esperanza al mundo, tampoco pienso en caer en señalamientos obvios de la tiranía y abuso de poder que gozo por más de medio siglo. Hacerle oposición me parece casi tan tonto como apoyarlo, casi.

Lo que sí puedo ofrecer es mi visión de su muerte, tétricamente hay pocos personajes de la historia contemporánea a los que yo les haya hecho tanto seguimiento como a Fidel Castro Ruiz. Fidel y yo nos pareceríamos un poco si la comparación se hiciera a nuestros dieciocho, coincidiríamos en ser idealistas, socialistoides y ateos hasta la medula. ¿Quién a los 18 no estuvo tan equivocado? . Nuestras similitudes, y sus similitudes con la humildad de la generación que creyó representar se acabó en el momento en que se alzó armas y tomo Moncada. Quizás mas precisamente en el momento que decidió no usar más la palabra <<Democracy>> en un inglés trastabillante que el tiempo le oxido.

Murió como un cobarde, como un perro si me disculpan ustedes los modales. Murió como mueren los tiranos que nunca sueltan el cetro, amargado, angustiado. Intento evadir la muerte demasiadas veces, casi 700 según el Guinnes. Fue en la historia moderna el hombre que más tubos intentos de ser eliminado de su humanidad, los métodos que usaron sus enemigos fueron sorteando de lo ridículo a lo creativo; desde un envenenamiento que quiso ser propiciado por su propia hermana Juanita Castro hasta un habano explosivo que diseño la CIA. La muerte tardo demasiado en llevárselo.

No importa la conmemoración y los duelos que quieran ofrecer los países que retrógradamente se sientan identificados con los ideales del Zorro viejo, más importa la miseria que provoco y el odio que género, es tanto que solo lo mencionó. Indudablemente un hombre que cambio el curso de la historia, dijo por cierto una vez que la misma historia lo absolvería por sus actos; alguna cosa yo te aviso Castro, si la historia te absuelve yo mismo voy a tus cenizas a avisarte.

Se parodio a sí mismo como un rey, fue un emperador con joyas de bisutería, ejércitos de cartón y misiles de juguetes. Quizás, por un breve momento que el no supo aprovechar pudo ser un símbolo, como tristemente le toco ser al Che. Si, quizás si hubiera muerto hace mucho, justo cuando la crisis de los misiles, entonces podríamos recordarlo de manera más humana. Lamentablemente no nos diste ese gusto Fidel. Decidiste como yo decidí hacer de este artículo, ser el autorretrato de un pobre tiranucho.

 

Hipólito Garneray, XIX. Grabado. Cuba.
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