Maria Flores, Cronica Real de la miseria.

Hoy en el Bus se montó la Señorita María Flores.

Venia cojeando con unas muletas, entre en esos pequeños buses del gobierno, esos que siempre están atestados.

Entonces dijo:

-Buenas Tardes… dije Buenas tardes, que voy a decir algo.

Yo, totalmente desinteresado por la señora maría no me inmute, además tenía mis propios problemas y como cualquier habitante del tercer mundo ya sabía a donde se encaminaba la vereda. La verdad es que no, no tenía ni idea. La Señora María Flores volvió a Hablar.

-Me llamo María Flores- apunto- y soy estudiante de ingeniería en la universidad gran mariscal de Ayacucho.

La señorita María Flores no parecía estudiante ni siquiera de filosofía y letras, y disculpen mi clasismo mucho menos de ingeniera. Era bajita, tostada, y cargaba fácilmente con sus dos muletas. Entonces soltó lo que todo el mundo esperaba, pero no por donde los esperábamos.

-No vengo a pedir plata. Bueno si vengo a pedir plata. Una colaboración pues. Estoy Embarazada.

La gente si es irrespetuosa, pensé. Se me ocurrió cuando unos estudiantes de liceo sin esperar que terminaran le lanzaron improperios y palabras poco gratas, “ ¿y eso es peo mío?” fue el comentario más notable.

-Estoy molesta.

“Nosotros también”, “verga entonces bájate, pajua”, “tú crees que la verga ta fácil”, fue el coro que se hayo en respuesta a María Flores, estudiante de ingeniería y hasta ese momento foco de atención de todos los viajantes del Autobús. A estas alturas la historia que relataba torpemente María Flores no era nada totalmente nuevo para ninguno de ellos, sin embargo, no quedaba más que escucharla.

-Yo soy estudiante como ustedes, y llevo cuatro semestres de Ingeniera, miren ve, aquí están mis notas- en ese punto saco sus notas, que ciertamente decía María Flores, lo único que alcance a ver, además de varias notas excelentes- pa que no digan que hablo paja. La verga mano ta arrecha, estoy embarazada y Jesús Nazareno me cuide al hijo, no puedo trabajar pero quiero trabajar. Y tengo días peleando en la alcaldía por una beca.

Ciertamente la cosa se había vuelto ciertamente interesante.

-Peleando por una beca Mano, tú no sabes como yo he gritao en esa alcaldía mano. Yo vengo de vender en el mercado de San Félix oliendo a Podrio.

Se escucharon unas risas. Pero ella igual reitero:

-Oliendo a Podrio Mano. En ese mercado y… me despidieron. Tengo dos días sin trabajar. Y mi muchacho está pasando Hambre. Y toy luchando por mi beca mano. Y estas muletas son por accidente que casi me quita la vida

Luego dio un giro inesperado la cuestión con su siguiente palabreo.

-miren y si tienen en Farmahorro  o una farmacia porai un amigo necesito un “Fenobarbarita” de 100 ml favor de preguntar panas míos, porque también soy epiléptica. Es decir que sufro de epilepsia. Casi me olvido de esa parte, mano. (Parece ser, según investigue en mi Pc al llegar a casa que quiso decir “Fenobarbita” y no “Fenobarbarita”)

La señora María Flores sintió tal vez que ya había tocado la vena de la conmiseración en los seres que la oían, porque decididamente termino haciendo lo que todos veíamos como el final lógico de su alocución.

-yo los voy a ayudar, a que me ayuden. Así que si pueden ayudarme, colaboren un poquito pues.

María Flores, coja embarazada, estudiante proscrita de ingeniería, desempleada, pobre y epiléptica recibió más bien pocos billetes, de escaso valor además. Yo, naturalmente repudie su manera de pedir las cosas, de manera tan poco educada, aunque para ser sincero si no le di un billete de cien aunque sea fue porque no cargaba dinero en ese momento.

María Flores se limitó a permanecer callada una vez recibió la limosna. Una señora de pelo blanco, elegante y con un crucifijo en el pecho al salir del bus miro a Maria flores y le aventuro un consejo “Ten a tu hijo, María”. La coja respondió:

-mi Vieja si eso es puro embuste, ¿tú crees que yo soy mongola pa embarázame ahorita asi como está la vaina?. Nojoda gracias a la bendición del Nazareno me lamento de no estar preñada vale. Ni que fuera yo idiota, mi doña

Esta última frase fue trascrita tal cual la dijo María flores, mas o menos a las 3:37, en el bus. Y que recuerdo a la perfección porque me intereso la cantidad de oxímorones, pleonasmos y mala dicción de la mencionada frase. Hubo un clamor público, mayormente gente insultándola, esta vez no solo los estudiantes, si no que se oían maldiciones para María en boca de viejos y jóvenes, al unísono. Un solo y descarriado tropel, un sentimiento de haber sido engañados, ¿Quién asegura si realmente se llamaría María Flores como la muchacha a la que obviamente pertenecen las notas que nos enseñó?, ¿estudiante de ingeniería?, ¿coja?, como confiar en alguien que había acabado de matar al bebe por el cual peleaba en la alcaldía y a quien regalaba plegarias cristianas varios minutos antes.

El Final fue más absurdo aun, aunque parezca fantasioso elevar la apuesta, pero les aseguro que es posible como usted mismo corroborara cuando siga leyendo. Se acercó Maria Flores a un señor que acaba de subir, puso una voz más ronca, y le pregunto desvergonzadamente

-¿Tu trabajas en Sidor?

-No- respondió el señor que no le prestaba atención-.

-¿y en la ferrominera?

-Tampoco.

-Mira.

-¿Que?

-Estas lindo.

El señor, gordo, negro y bajito se quedó revisando su teléfono para hacer que su frialdad se viera menos mecánica. Pero María Flores insistió.

-Estas lindo vale, ¿Qué vas a hacer esta noche?.- como si lo conociera de toda la vida.

Naturalmente busque en las caras de los espectadores a quienes encontré tan horrorizados como yo, horrorizados de saber que María Flores, una estudiante de ingeniería, coja por un accidente que casi le quito la vida, y anteriormente embarazada, era también una prostituta.

En este punto desearía tan solo ser el autor de este cuento, y no ser el espectador de esta crónica real. Quisiera mas que nada que lo anterior descrito fuera tan solo la vanidad de una ficción, no el ejemplo increíble de un pueblo amoral.

Al bajarme del Autobús, un señor camino a mi lado, nuestras caras nos delataban, queríamos comentar el suceso, a sabiendas de que nuestros caminos divergerian y entonces se hubiera perdido la oportunidad de hacer un comentario de forma reciente.

-¿A lo que ha llegado este pueblo, verdad mijo?.

 

-El grito nº 3, 1983 – Oswaldo Guayasamin
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