Salvador Garmendias y los Pequeños Seres : Reseña y dibujo Original.

Hace un mes, aproximadamente, recomendé un libro de Salvador Garmendias en un post de lo mejor que las mejores lecturas en las que yo había incurrido el año 2016. Hoy, tras leer otra novela de ese mismo autor, podría recomendar encarecidamente lo mismo sin temor a equivocarme. Y eso porque quienes se pueden equivocar son ustedes, son los miles de lectores y fui yo mismo sobre el primer juicio que tuve sobre Los Pequeños Seres, la primera de las novelas del Autor Barquisimetano.  Equivocarse, esta ciertamente al servicio, al alcance de todos pues la materia que hoy analizaremos brevemente esta como se dice “más allá del bien y el mal” porque comporta un esteticismo sin precedentes en la prosa criolla, que desde ya advertiré quizás no es del gusto general.

Es cierto que la novela inicia muy lentamente y ello comporta una grandísima desvirtud figurada, y que de hecho llegada a la mitad del texto es que te das cuenta de que el libro apenas “avanza” por lo menos en un sentido convencional. Porque el texto está sumergido en una enorme inmovilidad argumental, ya que las acciones que ocurren en el son apenas nimiedades, un conjunto de pequeños hechos cotidianos, una carga usual de elementos que en ningún momento puedan causar más que una breve y muy disipable sorpresa. Un Funeral, un ascenso laboral, un circo y un constante caminar por esa calle que respira, que palpita, y que es la verdadera protagonista del texto, pues el otro personaje Mateo Martán es tan solo un oficinista aburrido y típico, casado y con un hijo que es absorbido progresivamente por la enajenación del verdadero personajes : Caracas.

Mateo no había hasta ese día (día único en el que trascurre la novela) para haber reflexionado sobre que era la vida, y sobre todo que significaba esa serie de símbolos y repeticiones que era su vida propia. Pero alerta, esto no es un retrato inmundo de la cotidiana, ni tampoco mucho menos de la urbanidad, es realmente un prolongado ejercicio Literario donde la ciudad y el hombre cruzan sus diálogos y se confunden uno con el otro mediante un torbellino de palabras que los encadenan a los dos como presos que comparten grilletes. Ya que la forma en que avanza la narrativa es el descenso de su personaje, descenso no siempre notorio porque tiene carácter introspectivo, ejemplar ciertamente único en la narrativa latinoamericana es la que comporta la dualidad de esta relación tan particular, en la que el lector se va adentrando lenta pero definitoriamente.

Me atrevo a aseverar que Garmendia es aunque un tanto excesivo en apariencia- no me atrevo a impugnarlo de barroco- es uno de los más talentosos prosistas de la literatura sin lugar a dudas. su magia consiste en tender decenas, cientos y miles de palabras como delicadas agujas cuya presencia no se sienten a priori, porque al principio parece una maniobra absurda todo ese palabrerío incapaz de suscitar acción, pero poco a poco la consistencia imprecisa del aire va tornando a la densidad del ladrillo, va cuajando de una manera inesperada y una vez que logras entender una oración, las siguientes y anteriores van tornando sentido fabuloso, van trazando una carrera criminal en el que el intelecto tiene que perseguir al personaje mediante las enredadas calles que el autor trazo, es en fin una trampa oculta, una en la que cuando se cae, se pierde toda esperanza de salir: el libro ya nunca te dejara ir. No por ello esta novela gano en ese momento un reputado premio a la prosa, merito que en el ámbito meramente narrativo nunca podría tener.

La enajenación, la introspección, la imaginación, la moral decadente y la atiborrada ciudad son las ideas centrales de este relato, y son más o menos las ideas centrales que bombardean a Mateo Martán y que no lo dejan comunicarse con el mundo ni con las personas. Es un personaje de trasfondo arrogante, solitario, melancólico y algo de absurdista también le calzaría aunque el punto focal de la novela ciertamente no es ninguna clase de existencialismo directo. Pero no es él, Mateo Martan el verdadero culpable porque no es el único afectado en este cruel descenso donde poco a poco la armadura que ha construido para protegerse del estímulo exterior del mundo se ve debilitada y el choque con la realidad cruda y monótona resulta desgarrador, en un sentido estrictamente personal considero a la novela como una pequeña denuncia a la degradación del Ser, a la impersonalidad que condena a todos los que vivimos en sociedad.

No es fácil equiparar su novela a otra, porque es ciertamente un autor único, y es esta obra, también de raro género. Movido por un extraño deber de difundir la obra de este barquisimetano hemos hecho esta reseña y lo hemos acompañado con un genial dibujo que expresa un rasgo típico de la personalidad del genial escritor: su amor por los gatos, por su discreción y su sigilo, por esos animales que se balancean en la noche entre mueble, ventana y mesa tal como sus palabras logran caminar por la nocturnidad silenciosa de la ciudad. A quienes se aventuren en ella, papel y lápiz, porque al finalizarla tu habla rivalizara con los profesores de la facultad, no poco afecto tenia Garmendia al fino y cuidadoso posicionamiento de las palabras, y esta, recalco, su mayor virtud.

 

 

 

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-Retrato de Salvador Garmendia con gatos. papel, lapiz y color. Valentina Patti. 2017.
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