La Verdadera Praxis Política (PNT)

 

 

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No se puede lograr mucho con las oposiciones absolutas, si bien la negación es el primer paso lógico para la reforma debidamente estructurada se corre el riesgo de caer en la utilización única de la retórica política y la posición nihilista. El Nihilismo al contrario de la filosofía no tiene cabida en la política, en la que siempre es necesaria la participación, a veces felizmente voluntaria, a veces cruelmente coaccionada. Las repúblicas Anarquistas, las federaciones sin leyes o los países con vacío de poder no han resultado en más que situaciones problemáticas como es la actual crisis de Somalia donde se presenta un escenario anti-político: 22 años de ingobernabilidad.

La Guerras civiles post-Independentistas en Venezuela, son, contrario al pensamiento mal informado de algunos, la peor época de nuestra historia. En cambio, la Venezuela Moderna surge de un factor organizativo, provenientes no solo de los 40 años de democracia civil sino también de la obra de dictadores de tendencia organizativa como Antonio Guzmán Blanco, Gómez y Marcos Pérez Jiménez, quien a pasar de sofocar la oportunidad de sus adversarios con métodos injustos mantienen en si el principio activo de la política más viejo, y acaso el más necesario: La Organización.

Lo único tan antipolítico como la cero organización es la mala organización, la falta orgánica de teorías reales adaptadas a las verdaderas necesidades de los pueblos y validadas con método científicos. Los países con mayor concentración de riquezas son naciones organizadas, que llevan en la sangre la ética y el orden; Norteamérica, Dinamarca, Suiza e Inglaterra.  Las que por el contrario tienen poca organización, bajos niveles éticos y están basadas en teorías novedosas pero mal estructuradas son las llamadas del tercer mundo. Las del primer grupo son productos de sistemas estables, antiquísimos y de poco cambio, las del segundo son el plano ideal para que surjan cada tanto “revoluciones “constantes.

La política al ser más ciencia que arte siempre cae indefectiblemente en el error, por lo tanto, la eficacia de los gobiernos se mide por el menor grado de errores cometidos, ya que insalvablemente todos están plagados de yerros y equivocaciones. Es común entre la juventud culpar la vieja política de los nuevos errores, descreer de todo sistema de gobernabilidad de un país, de todo partido y todo ideal al encontrarse con el típico razonamiento de que nunca hemos podido superar la barrera del tercer mundo. Pero olvidan muchos retoños de esta generación que hemos estado no en uno, si no en varios momentos al menos en vía de desarrollo, y que las políticas nuevas deben lógicamente basadas en un análisis conjetural de nuestra historia y reconocimiento como pueblo para intentar reproducir los factores que nos llevaron a los topes más altos de desarrollo, y por otro lado evitar los errores anteriores que nos hicieron descender.

Es casi totalmente mitológico el pensamiento de que toda política anterior es malvada o siniestra, o más reconociblemente en la voz del pueblo aquello de “Ningún Gobierno sirve”. Si tal postulado fuera cierto no existirían puentes, hospitales, escuelas o museos cuando miráramos a los lados. Otro corolario sin duda común es la creencia mágica de que todas las obras vienen de dos o tres “Gobiernos buenos”. Naturalmente y es frecuente que al comparar ciertos políticos con otros provenientes de naciones verdaderamente prosperas, muchas veces los nuestros queden por el suelo, pero si el factor es repetitivo hasta el cansancio, si la mayoría de nuestros gobernantes cae en ese mismo saco ni siquiera ese análisis es válido para decir que la política “es mala”, sino que es una oportunidad casi inmediata para el análisis no de si el político de turno y ocupante desde los pomposos puestos de Señor presidente, Ministro y Magistrado hasta los pequeños puestos administrativos son inútiles, si no si los venezolanos no seremos el reflejo inmediato de esas personas, el común denominador de un país de fracaso político puede ser interpretado fácilmente como un país de pueblo fracasado.

Cierto es que países avanzados y en extremo cultos no están libres de elegir a un tirano como máximo dirigente, Hitler por ejemplo fue producto de la democracia cualificada y no de un golpe de estado. Pero viendo la pronta recuperación que tuvo el pueblo alemán dos veces tras salir no precisamente airoso de las dos guerras mundiales entendemos que el error es común en los pueblos, pero la capacidad de progresar tras ellos es una característica propia de las naciones cultas. Esto se acentúa en la Moderna Democracia, en Roma es conocido el término de “doce cesares Buenos” como Julio, Pompeyo y Marco Aurelio, lideres sabios, astutos y progresistas, en contraposición con los “Doce Cesares Malos “cuya fama más grande pose Nerón, pero a quien siguen Tito y Calígula, reyes déspotas, asesinos y megalómanos. La diferencia entre Roma y los países actuales es el grado democrático, actualmente ningún país medianamente democrático puede en pleno derecho culpar al Cesar, pues tal figura no existe.

Toda condena absoluta es absolutamente falsa, incluso del nefasto Hitlerismo se pueden sacar migajas de progreso, cosa para nada cómoda con las mentalidades idealistas, suscritas a bandos y partidos estáticos, de creencias únicas y verdades innegables. La Anexión, por cierto, de muchas de esas teorías ideales, tales como en concepto del Marxismo e incluso del Libertarismo como sistemas de gobiernos es absurda sin investigación previa ya que las características de los pueblos, sus niveles de recurso y sus costumbres intranscendentes vienen a ser factores que merecen más análisis que simples y grises teorizaciones y citas de autores extranjeros o extemporáneos a la sociedad y necesidad actual.

Lo único verdaderamente indispensable en la buena política, la fórmula mágica para ser “Buen Cesar” son la ética, el pragmatismo y la visión real de un país. De los colores, las banderas, las consigas y canciones pegajosas, incluso de los autores y las clasificaciones se puede prescindir. La praxis correcta, la identificación de los problemas certero, el cientificismo de la metodología, la constante retroalimentación de personas debidamente preparadas pueden quemar cualquier libro de Marx, de Hobbes y de Mises.

-Luis Rafael Moya, Fundador del Partido Neutral Tecnocrático.

 

Detalle de “Miranda en la Carraca”.  Michelena. Oleo sobre tela.

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