Nosotros, Hijos de la Tierra (Ensayo) 1/3

Este ensayo fue escrito y pensado para un concurso que no gane, hace ya dos años. Ahora aprovecho de compartirlo con ustedes, si alguno está interesado en el tema.

<<soy del viejo y del joven,

Del necio y del sabio,

Indiferente y atento,

Maternal y paternal,

Mi urdimbre es fina y tosca

Soy una nación gigante

Formada de muchas naciones y donde las pequeñas valen lo mismo que las grandes

Soy del norte y del sur>>

-Walt Whitman

 

¿Quién es quién en un injusto arrebato arremete contra la Madre tierra, gran madre de todos nosotros sus especies? ¿Quién infringe dolor a sus criaturas y extrae su sangre de ríos y encharca de petróleo sus océanos?¿quién derrite sus poros y quema su piel, quien desforesta sus bosques?¿qué ser oportunista, infame y matricida es capaz de dar con nuestras manos el temor a quien ama nuestras pisadas? el hombre, que provino de la naturaleza, pero de ella no proviene su bestialidad. El hombre que parece no reconocerse en el reflejo pelágico de los ojos de la Madre. ¡El hombre! Que no puede pasar semanas sin alimento, días sin el agua, ni apenas segundos sin el aire (todas las cosas que nos proporciona la tierra y que creemos nuestro). El hombre, Madre,  el hombre que ha hecho de ti…

 

¿Pero cuando empezó este horror? primero, lo primero … en 1540 cuando los españoles en sus travesías  por la América sobre los Andes peruanos, extrajeron de las pedregosas minas pertenecientes a los incas cantidades descomedidas de plata y otros metales pesados, con el metal obtenido procedieron con soluciones artificiales para la limpieza y refinamiento de los metales mediante la utilización química del bismuto, aunque el bismuto ya se utilizaba en el proceso de refinar la plata con normalidad, en Europa aquella fue la primera vez que se uso en grandes proporciones, producto de esto una nube toxica subió hasta el cielo dejándole una herida permanente y el cielo hizo caer lluvia acida sobre los invasores. Ya bien, lo sabían los indios nativos de América, sus proverbios rezan:  “todo lo que ocurra a la tierra, le ocurrirá a hijos de tierra”. Aquello fue el génesis de muchos casos registrado de contaminación ambiental venideras por causa de la banalidad humana y una de las también muchas historias que nos atestiguan a la fuerza “vengativa” de la naturaleza o acaso a su imparcial justicia y su repudio por la destrucción.

 

El ambiente es el único medio posible para el humano , para el desarrollo integral de la salud física y su equilibrio mental, base para la libre circulación e interrelación social, como parte primordial de la cultura e identidad de los determinados y diversos pueblos, todo esto por contener los factores indefectibles para la existencia; el agua que bebemos, el aire que respiramos, el espacio en que nos movemos. El ambiente que en su vastedad nos dio también varias series de beneficios a lo largo de nuestra historia; la tierra para arar y cultivar, la sombra de los árboles para resguardarnos del sol, el mar inclemente y misterioso para pescar y navegar, todas las condiciones elementales para la efectividad y consecuente evolución del hombre, todo aquello no fue mencionado por primera vez en la magna declaración de los Derechos Universales de los Humanos ni propuesto en algún libro o teorizado por algún intelectual ni declamado por un ecologista, aquello de que somos indudablemente hijos de la tierra y que tenemos una deuda inmensa con nuestra Madre siempre lo han sabido ya todos nuestros ancestros y todos los pueblos. La sabiduría telúrica abre su boca a través del gran Víctor Hugo;  “la tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.

 

Entonces, si se quiere evaluar tal cuestión remontémonos mejor al pasado, que siempre sabe más de su futuro que el presente :la antropología revela la devoción del hombre por la tierra, cada cultura independientemente de sí es monoteísta y politeísta es a su vez panteísta, es decir; que la idea de Naturaleza era sacra y primordial en los vastos idearios y cosmologías de las culturas mas ancestrales, y por esa razón se veía una obligación moral trasmitida de padre a hijo a resguardar el ambiente e interceder en su favor(esta trasmisión desembocaba en una conciencia colectiva), existía en ese pensamiento una noción reverencial de respeto casi maternal hacia la naturaleza pero también implícita una deducción tan lógica como que el medio es factor primordial para la preservación. La idea es cabal, fue similar esta conclusión a la que llego cada pueblo individualmente en los diversos continentes  del mundo, africanos, nativos americanos, celtas, hindúes, chinos, son parte del extensísimo ejemplo de estas culturas. Este ideario de respeto al ecosistema, este amplio y hermoso sentido del “hogar”, para ellos que parecieron no tener nada sujetos a la condición de su tiempo que nos hace designar sus sociedades como “salvajes” a partir de nuestra perspectiva, y, en comparación con nosotros que creemos estar en el clímax del desarrollo humano el panorama actual del ambiente parece contradecir nuestra reputación de sociedad desarrollada ¿ Quién es el salvaje?. ¿Quién es el desarrollado?

Esta ironía invita a interrogarnos sobre lo que se entiende por sociedad desarrollada y por valores en la sociedad actual; el problema de la sociedad occidental es que recién está adoptando valores ambientales en el siglo pasado, ya que nuestras principales fuentes de cultura que es en sí misma la cultura europea, la expansión del cristianismo y el islam arraso con el ideal panteísta y lo redujo a la nomina de culto pagano, en tanto el occidente seguía teniendo el hinduismo, el taoísmo y el budismo que hacia prevalecer el ideal pacifista con el entorno y armonía natural. Tres máximas corroboran la persistencia del amor a la naturaleza en el hemisferio oriental terráqueo; dice el meditabundo maestro Buda   “Cuando un hombre se apiade de todas las criaturas vivientes, solo entonces será noble” ,he aquí  un proverbio colectivo de la india ancestral “El que antes de su muerte ha plantado un árbol, no ha vivido inútilmente”  y finalmente una de las lecciones de Confucio “Si estuvieran planeando el futuro por un año, planten una semilla, para diez años, planten un árbol, más si planearan para cien años, eduquen a los niños”

-Luis Moya

 

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