Comentario sobre historia y Literatura ; el hombre colectivo y el hombre individual.

La evolución de la historia carga a sus rastras miles de fenómenos paralelos, la historia que es una manera de simplificar al hombre por sus hazañas relevantes tiene entre sus demasiados huecos indicio de quienes son los hombres que no aparecen en ella; la historia no es una cadena de hechos, es un examen psicológico de como el hombre cambia con sus circunstancias y tiempos.

La literatura y la música hechas por esos hombres son espejos a través de los cuales hay que mirar con cuidado, como si la luz fuera tenue, pero en ellas aún se encuentra el vestigio de algo que los libros no señalan, la personalidad y el sentir individual. En antaño la literatura servía a un fin distinto, Silvio Rodriguez menciona en una de sus más populares canciones no sin cierta ironía que él no quiere ser un <<Eternizador de Dioses del Ocaso>>. ¿Quiénes son estos eternizadores que el hombre moderno repudia?

El hombre antiguo operaba de manera distinta, aun las civilizaciones más cultas no estaban libres de los prejuicios de sus eras, El ejemplo antonomástico más claro son los grecos-romanos tanto por ser los más adelantados en cuanto arte y ciencia existiese en su entonces así como la sociedad de la que más tenemos conocimientos ; Homero, el gran y sabio Homero, reflejaba un sentir colectivo antes que individual, historias de héroes mitológicos, de valentías e ingenios ajenos, era un vate pero también un juglar porque recopilaba la suma total del sentir palpitante de su pueblo sobre esos mitos. No por ello tiene menos merito, su mérito esta de hecho, en que a pesar de usar historias no propiamente suyas pudo apropiarse de ellas con eficacia y de una manera elegante, usando la estética y el verso para tal tarea.

Ovidio no fue diferente, tampoco Horacio o Sófocles. Todos relataron historias del imaginario popular, se apropiaron de ella gracias a su propio ingenio, las ornamentaron, versificaron y aliñaron con la imaginación propia, pero aun en todo ello no respondían más que aun proceso más colectivo que individual que obedecía un orden mayor de las cosas, materias celestes y macroescopicas. Resulta lógico, estos hombres hoy primitivos accionaban ante dioses todos poderosos, poderes delegados por el mismo cielo, emperadores escogidos por los hilos invisibles del destino inmutable, no sentían el mundo suyo, se sentían parte de un gran mundo. Alejandro Magno, conquistador de Persia nunca perdió su prudencia, según la manera de pensar de su pueblo, y en fin la de el mismo, todas sus acciones estaban ya designadas, el heroísmo recaía en hacer lo que se sabía que ya iba a cometer.

Este concepto empeoro con los siglos del medievo, los Dioses romanos traídos de los ídolos griegos se unificaron en uno solo más restrictivo, que no permitía el exceso de vino como Dionisio, ni el sexo promiscuo como Venus; los griegos escribían ya sobre lesbianismo, homosexualidad y borrachera, pero en sus siglos venideros cualquier referencia de este tipo era perseguida por el oscurantismo. En tanto, y sin saberlo, América seguía dormida con el mismo sueño, esclava de sus propias formas de ver el mundo, siendo supuestamente libres de la caroña que es la sociedad eran esclavos de sus arcaísmos, sus formas salvajes de actuar.

Y luego paso el acontecimiento capital de la historia; la revolución francesa, el hombre empezó a vivir por el hombre, empezó a escribir no solo lo que los demás sentían, acababa de darse cuenta que su opinión podía incluirse, que todo arte no tiene fin moralizante, se amplifico el espectro de la expresión humana, de dibujar bisontes en las paredes pasamos a pintar la desalmada guerra, la sensualidad de las mujeres, la simplicidad de los bodegones. Antes del siglo de las luces ya habían grandes obras, El Quijote se hace pecado de tan solo no mencionarla, pero las aventuras de Alonso Quijano que es llamado con frecuencia el mejor libros de todos los tiempos fue un hecho raro, junto a Quevedo, a Lope de Vega, no eran el reflejo de una época oscura si no la esperanza que vendría en los años posteriores, y sin embargo aún en ellos se percibe un rasgo de esta timidez, del apocamiento del hombre, de ese síntoma vetusto.

El enciclopedismo, la ilustración y el racionalismo de Descartes abrió un mundo de posibilidades, libro viejas estéticas clásicas de pintura, escultura y poesía, reanudo con más intensidad la creatividad que los griegos habían solo probado. Es cuando arranca, al menos para mí, la época dorada del hombre y el arte, y sus secuelas aún no se han detenido. De describir sensualidades de mujeres de porcelana el Márquez de Sade hablaba del sexo de una manera aberrante, sin tapujos ni precedentes. Tal creatividad se había visto solo en el humanismo y el siglo de oro español (ya mencionado), brotes pequeños pero escalonantes para toda la revolución de las ideas, Utopía y Elogio a la locura no inquietaba a la iglesia, pero será acaso porque la escribieron dos teólogos, que poseían imaginaciones sin precedentes, Thomas Moro y Erasmo de Róterdam no pertenecían a su siglo, se le adelantaban.

Y luego vino el siglo XX, el caótico Siglo XX. Joyce echaba a la basura y rescataba la literatura de dos milenos, Virginia Wolf y Thomas Mann empezaron debates que nadie parecía tener ánimos de iniciar, sucedió la guerra y antes de ella Baudelair y Mallarme, drogas y sexo, Huxley, Sangre, Celine, evolución tecnológica, H.G Wells, cohetes, Bradbury, pasaron demasiadas cosas en muy poco tiempo y la literatura no arrojaba piezas elementales como hacía en antaño, la globalización de las ideas, el quiebre de las sociedades opresoras dio paso a que el hombre hiciese más o menos lo que quisiera, es el síntoma defectuoso de la libertad recién adquirida, de una historia que acababa a desechar a sus emperadores y empezado a cuestionar sus reyes, de un mundo donde todos valían aunque sea un voto y por lo tanto, eran dignos, al menos, de opinar. ¿Por qué no Hubo Bukowski en el antiguo Egipto? Es imposible situar a nuestros escritores modernos a las condiciones de un viejo mundo, ellos son el reflejo íntimo de quienes somos justo ahora.

El hombre ya no necesitaba cánones, ni las historias ajenas e incorregibles, podía doblegarlo todo porque para ello vino al mundo, no para servir a una sociedad sino para ser parte de ella, entonces las solicitudes se volvieron gritos; Realismo Social, novelas testimonios  y literatura denuncia afloro en nuestro continente, ya nadie podía callar las bocas. Ese concepto de libertad griega volvió a nuestras mentes con la fuerza de mil mareas, ya no se escribe pensando en un colectivo, cada palabra proviene ahora de nuestras entrañas, nos pertenecen, valemos por lo que pensamos y todos los días queremos valer más. Nació el Ego del Arte, un clamor que dice que el arte no es eso que dice Holderin, un rayo de dioses bajado a los mortales, si no es un poder tan grande y fuerte que es capaz de atemorizar y crear dioses a la vez. Ya lo esboza Huidobro en tímidas señales, el hombre que escribe no es un sirviente, es el emperador de su propio mundo.

El hombre quiere ser libre ahora, priva una historia por su originalidad, por hacer algo sin precedentes, ya no se contenta con ser un simple relator, quiere destronar el puesto de las musas de Homero.

-Moya

 

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