La Forma de Tolstoi

León Tolstoi es junto a Dostoievski  el máximo exponente de la literatura Rusa. Sin embargo quien haya leído sus libros puede advertir algo inusual en su forma de escribir; su simpleza. Es he hecho de esto que vengo a escribir hoy, de la austeridad en el estilo de Tolstoi.

Si se compara con autores modernos se podrá objetar que Tolstoi es demasiado sencillo. Es algo así como lo que dice Faulkner de Hemingway “es incapaz de mandarte a un diccionario”. Y esto es verdad, el mundo en el que se desenvuelven los personajes de este autor prescinden de grandes palabras o metáforas extrovertidas. Su sistema de escritura se reduce a la sencilla tarea de explicar que está pasando.

Por ejemplo, diametralmente opuesto a este sistema tenemos a Lezama Lima en quien abundan misteriosos y atrayentes parafraseos como por ejemplo esta metáfora sacada de uno de sus cuentos “Lo iba tallando tan delicadamente como el mar va esculpiendo la figura curva del coral”. En el ruso nunca esperemos encontrar un razonamiento tan atrevido, extrayendo varias de sus metáforas brillan por su rapidez y fácil comprensión tales como las que siguen; “sombrío como una noche oscura” o “visible como una mosca en la leche”.

Ahora bien, encontramos en esto una facilidad aparente, pero no simploneria. Cada palabra en la literatura tolstoyana esta increíblemente preparada para dar paso a la siguiente, de modo que las palabras no son su centro si no la historia que cuentan las palabras, y en esto si es un maestro el artista ruso; un artista de la expectativa. Difícilmente haya libros tan fáciles y entretenidos de leer como los suyos, pues cuentan historias comunes, tragedias y virtudes de hombres de toda clase, pero tras ella hay una gran complejidad que no la dan las palabras, si no las situaciones y los conceptos.

Mientras se cree que la filosofía es uno de los géneros más difícil de leer Tolstoi lo lleva con tanta elegancia y ligereza que al lector inadvertido le costara hallar verdadero trasfondo filosófico en sus obras. De hecho el concepto base de esta literatura tan especial es el del ideal y el sucumbimiento. Todos sus personajes se ven amparados por una ética en menor grado estricta o no, pero se sustentan en una manera de pensar que forma un enorme andamiaje que el autor va destruyendo tan lentamente y de modo tan fluido que nunca esperamos su final. Todos sus personajes sucumben ante algo, son constantemente desmoralizados, despojados de su forma de ver el mundo, el personaje Tolstoyano debe enfrentarse a la enorme colisión del mundo que el ha armado meticulosamente durante el largo devenir de los años.

Muchas veces como en Ana Karenina, o El diablo, la tentación y la infidelidad tornan en expresar las matices más psicológicas de sus personajes. Pero también la muerte, la guerra, los dogmas, y la alta sociedad son objetos de críticas tan fluidas que es difícil advertirlas. Lo importante en Tolstoi es el personaje, los personajes que desenvuelven sus vidas, que se cruzan y una y otra vez y que se dejan descarnar al rojo vivo por la pluma viviseccionadora del ruso.

En ese sentido Tolstoi pose las habilidades del novelista, es quizás el mejor novelista de la literatura moderna porque es en la novela donde él toma sentido ; aun sus mejores cuentos poseen casi todos salvo excepciones estructuras de novelas, se centran en el personaje, y el personaje va rodeando los hechos, va chocando contra ellos a medida que percibimos su cambio; el trastorno de su psicología, el derrumbamiento moral y su sucumbir ; su sucumbir ante la tentación, la vanidad, e incluso la muerte. Sus novelas son un monumento al espíritu humano, pero de un modo casi siempre trágico, no heroico.

Es el único autor que posee tal nivel de convencimiento que un libro de ochocientas paginas sea tratado como uno de doscientas, pues en cada página, al término de cada capítulo deja una respuesta y una pregunta; hacen una cadena que se debe seguir rápidamente, un camino que uno quiere transitar más rápido de lo que te permite el nivel de la lectura, porque siempre va a pasar algo y el hecho de que lo esperes no lo hace menos sorpresivo. Aun así, sus novelas no importan cuantas veces se lean no pierden la imprevisibilidad, las miles de reacciones humanas que el capta en su literatura son toda verosímiles, son todas posibles, y aun así, son todas sorpresivas.

Tolstoi no asoma mundos nuevos en sus libros, habla siempre de lo mismo, aristocracia, campesinatos, zares, bailes, condes, curas y pequeños burgueses. Sin embargo en cada uno de sus libros otorga una dimensión extremadamente profunda a cada uno de ellos, marca en cada uno vidas tan miserables o ejemplares, tan comunes que sorprenden. El no evita la realidad, la hace suya y en ocasiones la supera, y he allí su toque fantástico, lograr mediante elementos comunes hacer obras tan magistrales, usar de manera simple los medios normales de su tiempo y geografía para esbozarnos cientos de historias alucinantes.

Tolstoi es sin duda el gran maestro de las cosas pequeñas, que va forjando página a página miles y miles de veces hasta acabar en un enorme monumento al ser humano.

 

 

La Plaza Roja en 1802, Fiódor Alekséyev.

 

 

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