Parece que ya nadie Lee.

No es mi intención, en primera instancia, provocar al lector de este artículo o inculcarle una especie de opinión personal. Lo cierto es que al día de hoy, a dos años de la veintena de este siglo Joven son muy pocos los que de verdad leen no solo como tarea nutricional del intelecto, si no como el más sano y productivo entretenimiento. Insisto que me refiero a esa lectura clásica que ha acompañado a los hombres desde tiempos mesopotamicos, a sumergirnos en las fantasías, relatos y hechos inscritos en papel y no a asistir al multitudinario encuentro de la lectura en una de sus formas reducidas y modernas.

¿Pero cuál es la diferencia entre un libro y un artículo, un tweet, un comentario de red social? La diferencia es, básicamente que el libro tiene una categoría muy alta con respecto a todo lo demás, porque el esfuerzo que se invierte en leer un libro es mayor, y su recompensa; la sabiduría, la distracción, el aprendizaje lingüístico, se denota en su máxima expresión. Un libro no es solo un pasatiempo, como defendemos a quienes nos gustan, sino una adquisición valiosa de conocimiento que otro ser humano ha tardado tiempo en pensar crear, escribir y ordenar. Por lo que leer, es a mi modo de pensar, un acto de silencioso respeto a las ideas ajenas.

Es allí cuando me pregunto porque nadie parece leer ya si mi descripción del acto parece una experiencia sumamente mágica y surreal, suena dramático, pero en cuestiones generales, hablando de amplios parámetros Leer no es una acción muy popular entre las generaciones que hoy deliberan la influencia y el poder de este mundo globalizado. Hay demasiadas cosas, pornografía, videojuegos, drogas, videos, películas, series y productos de consumo que han superado su accesibilidad, que han entrado en el panorama del mundo para quedarse. El libro, que es esencialmente una serie de papeles cocido y empastado, un artilugio que desde hace más de cien años se hace de la misma manera parece pequeño cuando compite con los últimos adelantos de la tecnología global del entretenimiento.

La mente de la nueva generación se ha vuelto sumamente volátil, desesperada por respuestas, y sin ánimos de hacer preguntas ; El internet, el mayor libro de todos, el que concentra más información es también el que dice más mentiras, es un libro balbuceante, a ratos incoherente que puede decirnos en sus páginas genialidades tanto como majaderías, parece una metáfora moderna de la biblioteca de Babel, Aquel genial cuento de Borges que el lector seguramente recordara, y de caso contrario recomiendo recurrir a él.

La gente no puede dejar de Leer, no en sentido estricto, porque eso sería devolver cientos de siglos medidos por Darwin y volver a ser monos, pero poco a poco confieso que en mi está el temor que la banalidad de la lectura alcance al punto de consumir todo el material provechoso del mundo, ese en el que esta cimentado nuestro universo, codificado en las 28 letras del alfabeto que salen en todos los libros del mundo. Ese destino distopico parece comenzar hoy, el libro es menospreciado, en mi país las librerías cierran y están tan vacías como los cementerios en las noches, difícil encontrar a alguien con un libro en la banqueta de una plaza, en un café, esta especie amigable de hombres, mujeres, niños y ancianos parece estar relegada a la lenta extinción.

Ya nadie Lee, dice el título del artículo. Pero yo por mi parte me seguiré volcando en mis mundos imaginarios, esos que han inspirado las películas, los videojuegos, la ciencia, la pintura, que han catalogado el mundo animal, vegetal, físico, matemático, histórico y astral, porque en este viejo “pasatiempos” de carácter de apariencia arcaica, está el camino de la sabiduría y el conocimiento para todas las cosas; desde ser un mejor ciudadano, pasando por Alejandría quemada, el Imperio Otomano, y los emperadores Romanos, hasta el porqué de los grandes conflictos que hoy afectan a este mundo grande, incomprensible y absurdo en el que vivimos. Y mientras más sabemos de él, más incomprensible se torna, pero a la vez, y de cierta forma sumamente mágica, se disfruta mas así.

-Luis R. Moya M.

 

Gentile e giovanni bellini, predica di san marco in alessandria (1504-1507) /Italia, Milan /

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