Sobre el Amor, una perspectiva griega (José Bueno)

Desde hace mucho tiempo el ser humano se ha preguntado qué es el amor, yo mismo me he llegado a preguntar, si es que acaso se amar o no. Todos tenemos una idea distinta de que es, pero esto no significa que el amor sea relativo, sino que nuestra imperfección y falta de perspectivas nos llevan a crear una definición del amor incompleta.

En la obra “El Banquete” de Platón se tienen varias perspectivas de lo que es el amor:  el primero es Fredo, el cual porta su concepto de lo que es el amor desde un punto de vista juvenil; Pausianas, hombre adulto el cual la edad le ha enseñado lo que la juventud no sabe del amor; Eriximaco, médico el cual aporta su concepto de amor desde la vista de la ciencia; Aristófanes, poeta cómico que detrás de su gracia se hallan pensamientos profundos; Agatón, que habla del amor desde un punto de vista artístico; y por último Sócrates, que cierra buscando crear una visión del amor que incluye lo que los otros exponentes dicen, agregándole su gran sabiduría.
Fredo el joven nos describe el amor como un dios, el más antiguo de todos y que nadie conoce sus padres, el que más bien hace a los hombres ya que siempre procura la felicidad de aquél y lo guía a la virtuosidad. Este dios lleva a cualquier hombre a vivir de la manera más honrosa y vuelve a cualquier cobarde un héroe, volviendo al que ama similar a un ser divino.
Pausanias intenta corregir los excesos del joven. Nos dice que, para saber que es el amor, debemos saber que es la belleza, de la cual hay dos tipos: la belleza física, que es para los sentidos; y la belleza intelectual, que es la que se debe buscar ya que la física con el tiempo se pierde, por lo tanto, el amor entre los amantes no debe ser hacia el cuerpo, sino hacia el alma buscando hacerse ambos dichosos.
Eriximaco como médico va más allá, acepta la distinción que hace Pausianas de dos amores, pero él dice que el amor no solo reside en el alma del hombre, sino que se halla en todos los seres. Él dice que el amor surge de lo desemejante, ya que lo desemejante ama a lo desemejante. Pone de ejemplo a la música, la cual sus elementos son opuestos como lo grave y lo agudo y de la unión de estos elementos surge el arte musical que saca la armonía. Además, pone de ejemplo su profesión de médico, el cual su función es restaurar la armonía dentro del cuerpo. Termina con que el amor al alma debe de ser fomentado y el amor corporal debe de ser moderado para poder llegar a una armonía.

Aristófanes se aleja de la concepción que hace Eriximaco y Pausianas, nos dice que en un inicio había 3 tipos de humanos: el hombre, la mujer y el andrógino. Estos últimos tenían 4 brazos, 4 piernas y una cabeza con 2 rostros. Estos seres eran tan fuertes que se atrevieron a desafiar a los dioses, entonces Zeus, para quitarles sus fuerzas y no destruirlos, los dividió. Los hombres entonces se pasan su vida buscando su otra mitad y cuando se hallan se vuelven dichosos y vuelven a la unidad que había en la naturaleza primitiva.

 

Agatón nos dice que el amor es el dios más bello y dichoso, pero no concuerda con Fedro que es el dios más antiguo ya que hubo una guerra entre dioses. El amor es un dios joven y delicado, ya que nunca toca el suelo, siempre posa sobre la cabeza del hombre y fija su morada en el corazón. El amor es un poeta tan entendido, que convierte en poeta sobre el que posa. El amor en otras palabras, nos da paz, nos vuelve benévolos y aleja el odio, es el mejor maestro para todo ser mortal.

Sócrates antes de iniciar le hace una serie de preguntas a Agatón…
¿Es poseedor el amor de la cosa que desea y que ama o no la posee?
A lo que Agatón contesta que es probable que no la posea y Sócrates nos dice que el que desea es porque le hace falta la cosa, ya que uno no desea lo que ya tiene. Entonces Sócrates después de ciertas preguntas concuerda con Agatón que el amor ama lo bello y lo bueno y si el amar es el deseo de poseer lo que no se tiene entonces el amor no es bello ni bueno, lo cual sorprende mucho a Agatón, aquí entonces Sócrates nos empieza a contar un diálogo que tuvo con Diotima el cual inició igual que el que tuvo con Agatón.

Diotima entonces nos dice que porque el amor no es bello no significa que sea feo, esto es una falacia del falso dilema. Después Sócrates pregunta a Diotima quiénes son los padres del amor a lo cual ella contesta que el padre del amor es Poros (dios de la abundancia) y su madre es Penia, (dios de la pobreza) esto vuelve al amor ni mortal ni inmortal, ya que un día puede florecer y llenar de vida y otro dia puede extinguirse y revivir en otro. Lo que nos quiere decir es que el amor no solo es bello, sino también feo, el amor es felicidad y también es tristeza. ¿Que es el amor entonces? El amor es querer poseer siempre lo bueno, entonces surge otra pregunta ¿Qué es lo bueno? Diotima nos dice que lo que es bello, lo que nos acerca a la perfección, la inmortalidad el hombre al ser inmortal e imperfecto su deseo es volverse inmortal. Hay dos formas en las que el hombre alcanza la inmortalidad que desea, la primera es la procreación de un hijo y la segunda la cual considera ella más perfecto, la creación de ideas las cuales se plantan en las mentes de los demás y no envejecen con el paso del tiempo, son hijos que salen del alma bellos e inmortales y engrandecen al hombre que los creó.

De aquí me surgió una pregunta si el amor del hombre, un ser mortal e imperfecto, es a querer poseer siempre lo bueno, en otras palabras la inmortalidad, ¿Un ser perfecto que amaría? Si existe un ser perfecto esté debe ser una especie de Dios, esto significa que él nos creó y creo todo lo que podemos observar, entonces un ser perfecto amaría a su creación a pesar de la imperfección de esta, fue después que me surgió una duda mas  ¿Porque si nos ama nos deja sufrir? El sufrimiento que cada humano tiene no es causado por él, sino por nosotros los humanos que causamos desdicha y tristeza entre nosotros, él al igual que un padre desea lo mejor para nosotros pero los hijos crecen se van y toman sus decisiones y por ese amor nos deja vivir nuestras vidas, ser libre de lo que nosotros decidimos.

 

-José Bueno.

 

Los amantes, Rene Magritte. 1928.

 

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